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Juan Carlos Iramain nació el 9 de Junio de 1900 en Monte
Grande, Departamento de Famaillá, Tucumán, su padres Arsenio Iramain, de estirpe
vasca y Filotea Bachi de ascendencia itálica se instalaron en la Capital de la
provincia.
Estudiante en el Colegio Santo Domingo, no se caracterizaba como alumno
aplicado.
Su vocación quedó definida cuando su padre lo sorprendió en una de las ausencias
escolares, dibujando y pintando santos y paisajes con colores extraídos de
plantas y flores que suplían la falta de lápices y que vendía a pobladores de
Famaillá y Montero.
También moldeaba bustos de próceres de su admiración, rudamente trabajados con
barro arcilloso y quemados en horno casero, que su padre exhibía con orgullo,
sobre una carretilla, en largas caminatas.
Se inicia en las Bellas Artes con el maestro Finacchiaro quien lo conduce a
contemplar y analizar las obras La Libertad, y el monumento a Alberdi de su
comprovinciana, Lola Mora. Lo une a su maestro una profunda hermandad artística
en el amor a las formas en mármol de Carrara, tan puro, como a las que moldeaba
en barro.
En su espíritu joven se aunaban la necesidad de corporizar plásticamente cuanto
lo rodeaba y la inquietud de integrarlo con la tierra tucumana, su paisaje, el
alma de los pobladores y las leyendas que escuchaba en las siestas provincianas.
Junto al maestro daba los toques finales al rostro de un cañero o a un poblador
indígena con idéntico ardor, modelando y dibujado con leguaje naturalista.
En 1914 atrae la atención de la población cuando expone una de sus esculturas,
el busto de Clodomiro Hileret, hecha en barro.
Así es que en 1917 se inscribe en Bellas Artes en la Universidad Tucumana, y en
1918 se hace acreedor a una beca para estudiar en Buenos Aires.
En la Capital alterna sus estudios en el taller del maestro Zonza Briano con
clases de dibujo y pintura en la Mutualidad de Bellas Artes.
Con su nuevo maestro Iramain estructuraba su técnica hasta merecer los primeros
comentarios sobre unos bustos que señalaban las condiciones artísticas del autor
orientadas al impresionismo.
Los elogios a su obra motivaron que Zonza Briano lo despidiera de su taller, por
considerarlo un competidor.
Con 19 años realiza un proyecto de monumento a Urquiza y otro a Alberdi y su
ciclo de narración histórica se continúa con una estatua al sacerdote Lacordaire,
patrono del Colegio donde estudiara y luego con un monumento Sarmiento. .
Modela luego una serie de bustos Serenidad, Retrato, Kirsis, Tipo Criollo, Ño
Pedro, Autorretrato , Cabeza de estudio y el bajo relieve Caridad , con técnicas
disímiles, reveladoras de la búsqueda de una imagen propia, Para las figuras
femeninas optaba por el neoclasicismo, en tanto que para Tipo Criollo y Ño
Pedro, sus primeros trabajos con temas nativos se inclinaba al naturalismo. .
Datan de 1923, el bronce El Palúdico y la terracota El Tuerto, piezas en las que
Iramain muestra un modelado vigoroso, y en las que representa personajes que
había conocido en sus frecuentes viajes por las provincias y a quienes
registraba en bocetos sobre papel blanco y luego modelaba en su taller,
distorsionándolos al colocar alguna musculatura imaginaria con criterio
expresionista.
Junto con el acento expresionista, dichos bustos transparentaban una visión
norteña que exhibía el espíritu calchaquí y los aires coyas.
La escultura Comadre Ña Ramona la tuerta es la expresión verdadera de una figura
criolla del norte.
Su inquietud creadora no estaba colmada con la elaboración de múltiples bustos
de opuestos personajes- pese a que ellos le permitían desplegar su capacidad de
analista, artista y psicólogo- ni con la permanente búsqueda del alma criolla
del pueblo.
En 1938 presenta al gobernador de la provincia de Tucumán, Dr. Miguel Critto, la
idea de emplazar en la cima del Aconquija un Cristo monumental, la iniciativa
fue aprobada pero algunas dificultades debidas a caminos en construcción, falta
de agua y otros inconvenientes modificaron el proyecto de emplazamiento inicial
por la cumbre del Cerro San Javier. Pocos lugares de la provincia, con una
perspectiva elevada a 1400 metros sobre el nivel del mar podían ser más
apropiados.
El Cristo estaba representado de pie, cubierto con un hábito, con su mano
derecha en la actitud de impartir la bendición y la izquierda tendida hacia
abajo.
Madurando una idea de mayor aliento escultórico al evocar su Cristo de San
Javier planea un Cristo para la provincia de Salta de similares dimensiones.
Durante una gira efectuada en 1952 a la ciudad de Salta, a instancia de su hijo
Leonardo confía dicho anhelo al gobernador Ricardo Durand, quien comparte la
idea; el proyecto inicial ubicaba al Cristo en la cima del cerro San Bernardo
que marca la entrada a la capital.
Recordaba el escultor que ese trabajo, que se convirtió en el más largo de su
vida, lo realizó en la Intendencia Regional de Guerra, cuyos tinglados habían
sido habilitados al efecto. Hizo estudios, maquetas, planos y cálculos,
primeramente realizó la gigantesca cabeza con parte del cuello y hombros; los
otros tramos se iban ejecutando con plantillas, era increíble que con los pocos
elementos con que contaba pudiera terminarse la obra.
Con la colaboración de otros escultores de su provincia, fueron tomando cuerpo
los cuatro fragmentos de casi seis metros de altura cada uno que insumieron 70
toneladas de yeso- listo para su traslado al fibrocemento sobre un basamento de
7 metros de altura- dejando ver la imagen de Cristo de líneas estilizadas con
los dos brazos entrecruzados adelante, a emplazarse sobre una capilla de diseño
moderno.
En una técnica similar al Cristo tucumano, Iramain modeló al Cristo salteño con
sobriedad de formas, despojado de todo juego lumínico o composición arrítmica,
estructurando una imagen ascética para su serena contemplación en el marco de
una amplia perspectiva otorgada por el valle de La Caldera; para ello dispuso
del realismo naturalista uniéndose una mínima estilización, tal como la vista en
los Cristos de los Andes, Corvado y Pirlápolis.
Ante los cambios políticos el trabajo se paralizó parcialmente durante largo
tiempo,
hasta que al fin, luego de unos 16 años de peregrinaje y lucha se bautizó al
Cristo como EL penitente y se decidió colocarlo en La Caldera pueblo distante
24 kilómetros de la capital de Salta, en actitud de contemplar al valle de
Siancas y en octubre de 1969 se descubrió el Cristo.
El artista había insumido casi trece años en su tarea hasta ver emplazado al
Cristo sobre la capilla, con la espera angustiosa de diez y seis años plagados
de incertidumbres, una labor coronada después de ocho meses de ir y venir por el
escarpado cerro controlando la subida de las distintas partes que comprendían la
monumental estatua.
Los Cristos de San Javier y La Caldera constituían para Iramain una parte de sus
ambiciones de estatuario monumental proyectando, en el silencio de su taller,
nuevas obras que incluirían a sus proyectos escultóricos insertos en las
montañas.
“En 1953 presenta al Gobernador de Salta, un proyecto para tallar, en la
montaña, una gigantesca cabeza del General Martín Miguel de Güemes. La escultura
iba a tener una altura aproximada de 100 metros. Uno de los probables sitios
para su emplazamiento, era la Quebrada de los Tacones. La obra , en caso de que
la montaña no fuese apta del todo, para el trabajo de tallado, iba a requerir
del procedimiento de modelado mediante incrustaciones de hierro y hormigón. Los
diarios de Salta, el Tribuno, entre otros, publicaron artículos acerca de la
idea, con fotos de las maquetas que hizo el escultor, los Sres. Bedoya Beristain,
Dr. Serrey, Dr. Lopez
Etechenique, Coronel Truco, Romero. Tiempo más tarde el gobernador de Salta y
padre del actual gobernador, entre otros, apoyaron la idea. Romero, periodista
en ese entonces se ocupo de difundir por la prensa dicho proyecto escultóricos
sobre el monumental rostro del Héroe de la Guerra Gaucha, General Martín Miguel
de Güemes sobre la roca de las montañas salteñas.” (L. I.)
“La maqueta de la obra proyectada, fue presentada por el artista al gobernador
de la provincia, doctor Ricardo Durand, cambiando impresiones sobre la
posibilidad de la ejecución de ese fantástico proyecto.”
Recuerda su hijo Leonardo que El Sr. Nicolás Guillermo Bazán , en los años
cincuenta legislador Salteño, apoyó en la cámara la realización del proyecto.
Las medidas del rostro desde el cabello al cuello, que emergería de la roca,
alcanzan a un total de 30 metros. Esta proporción de la obra escultórica, de
llegar a realizarse, dotaría a nuestra provincia de la estatua más grande del
mundo en su género.
La construcción demandaría grandes esfuerzos, debiéndose utilizar dinamita para
dar una forma primaria a la roca, y posteriormente, acción de cuadrillas de
obreros, proceder a la perforación de las definitivas mediante equipos de
taladros neumáticos, haciéndose los retoques posteriores a mano.” (ET).
Antecedentes de una obra semejante sólo se encuentra sobre las laderas de los
montes Rocallosos de los Estados Unidos, dónde se representan los rostros de los
héroes de la historia norteamericana, tales como Jorge Washington, Abraham
Lincoln y Tomás Jefferson, alcanzando cada uno de estos rostros un total de 20
metros.
Sugerimos a las autoridades promuevan la realización de tal obra contando con la
documentación, bocetos y maquetas que cuenta el Museo Juan Carlos Iramain.
Con el proyecto de Güemes deambulando por los despachos oficiales, en 1970
Iramain retoma la narración histórica y la escultura monumental en la figura del
general Manuel Belgrano. El ciclo de estatuario monumental iniciado por Iramain
con los dos Cristos y, proseguido con el proyecto Güemes, finalizaba con
Belgrano, pendiente de su inauguración.i.
Agradecimientos.
A María del Huerto, Anunci y Leonardo Iramain.
Bibliografía.
Haedo, Oscar Félix. El escultor Criollo Juan Carlos Iramain. Editorial Fraterna.
Bs. As. 1995.
(ET)“El Tribuno”. “Se proyecta esculpir en la montaña sobre roca un monumental
rostro del General Martín Güemes”. Salta. 19-8-1955.
(L.I.) Comunicación personal Leonardo Iramain.
Fotos.
Cristo La Caldera. Salta. Foto Ana S. Haedo
Cristo Cerro San Javier Tucumán. Foto Ana S. Haedo
Busto Güemes Foto archivo Museo Iramain.
Cabezas de Güemes. Fotos Marga Fuentes. Tucumán.
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